¿Ha encontrado la esperanza?
¿Ha encontrado la esperanza?
Hechos 26:6

Esperanza. Una palabra tan pequeña que lleva tantas emociones. Utilizamos “esperanza” para describir todo, desde un deseo a confiar en nuestras expectativas. Esta esperanza de que Pablo habla en Hechos 26 es mucho más que deseos o expectativas, esta esperanza deja chicos esos conceptos de esperanza. “Esperanza es un elemento esencial y fundamental de la vida cristiana, tan esencial en verdad, que como la fe y el amor, puede designarse como la esencia del cristianismo” (Easton’s Bible Dictionary).

Pablo nos dice dónde está su esperanza: “en la promesa hecha por Dios a nuestros padres”. Dios prometió salvación y resurrección de entre los muertos a Su pueblo. Jesús es el cumplimiento de esta promesa. Había llegado la salvación que los judíos habían deseado ardientemente, y le negaron. Es algo irónico si lo pensamos de esta forma: los judíos lo anhelaban pero se negaron a aceptarlo cuando Jesús lo ofreció. Pero Pablo los entiende, él mismo era así hasta que se encontró personalmente con el Autor de la esperanza.

Los siguientes versos me animan y desafían. Pablo no se lanza a una profunda exposición teológica sobre Cristo o la salvación o la resurrección de entre los muertos. Él comparte su historia de cómo esta esperanza llegó a él en el camino a Damasco y cambió radicalmente su vida. Él comparte su transformación de perseguir una esperanza vacía, a creer en la Persona que ofrece una esperanza sólida, inmutable, innegable, que altera la vida. Él comparte esta esperanza ante un rey, tal como Jesús dijo que lo haría en Hechos 9:15.

Quizás nosotros no estamos frente a un rey, pero cada uno de nosotros tiene su propia historia de encontrar a la persona de Jesús y la esperanza eterna que Él ofrece. 1 Pedro 3:15 nos anima de esta manera: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. (RV1960) Pablo nos mostró la mejor manera, no una respuesta teológica, pero simplemente compartiendo su historia de cómo encontró a Cristo y encontró esperanza para siempre.